sábado, 26 de diciembre de 2015

Papi, cuémtame un cuento

PAPI CUÉNTAME UN CUENTO

 

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La Princesa Caramelo

Había una vez un lugar llamado el Reino de los Dulces. Ahí vivía el Rey Chocolate y estaba enamorado de Galleta de Bombón.

Cerca del Reino de los Dulces estaba el Imperio del Juguete y su dueño era el Emperador Armatoste, hecho de fierros, tornillos, ruedas y baterías.

El temible Armatoste también amaba a Galleta de Bombón.


El Rey Chocolate y el Emperador Armatoste querían casarse con Galleta de Bombón.


Galleta de Bombón no sabía quién le gustaba más para esposo.


Una tarde en que los soldados del Imperio del Juguete hacían guardia, vieron a los conejos de chocolate jugando a esconder huevitos en el bosque de su Emperador. De inmediato los corrieron y se comieron los huevitos. Cuando los aciditos del Reino de los Dulces los vieron llegar llorando y sin huevitos, se enojaron, fueron al Imperio de Armatoste y les lanzaron polvitos picosos a los ojos de los soldaditos, haciéndolos aullar de dolor.

Cuando Armatoste vio a sus soldados medio...

ciegos, juzgó el hecho como una traición y para desquitarse mandó al invencible ejército de los monitos legos a pelear, y con lentes para que no los atacaran con polvitos.


Dulces de todo tipo y juguetes de otros más, libraron una cruel batalla. Los juguetes vencieron a los dulces y cuando la lucha terminó le quitaron al Rey Chocolate su corona y se burlaron de él paseándolo por los otros reinos que eran el de las piñatas y las muñecas.


Galleta de Bombón al ver derrotado al Rey Chocolate decidió que lo quería y se casó con él.


El triunfante Emperador Armatoste se enojó mucho porque Galleta de Bombón no lo quiso.


En venganza fabricó mil robots en forma de gallos cantores, y los escondió por todo el Reino de los Dulces para que muy de mañana cantaran:

“¡Quiquiriquí, ya amaneció,

y el tonto Chocolate la batalla perdió!”

Fue terrible para el Rey, para Galleta de Bombón y para todos los que vivían en el Reino de los Dulces despertar cada mañana, a las ocho en punto con esta canción.

El pobre Rey Chocolate se tapaba los oídos, se mordía las uñas, se picaba la nariz y hasta caminaba de cabeza tratando de encontrar una solución. Mandó buscar los gallos, y los encontraron, pero nadie los pudo desarmar, ni quebrar, ni aplastar; eran indestructibles.

Y así fue como todas las mañanas en punto de las ocho, el Reino de los Dulces, se escuchaba una canción:

“¡Quiquiriquí, ya amaneció,


el tonto Chocolate la batalla perdió!”

Lo único que consoló al Rey Chocolate fue que tuvo una hija con Galleta de Bombón y la bautizaron con el nombre de Caramelo.

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